Yilia


Viernes, 14 de febrero de 1992


Llego de la Universidad. Mi hermano tomando cerveza con un amigo. No quiero tomar. La única forma de evitarlo es salir. Me monto en la bicicleta y a andar se ha dicho. Salgo sin rumbo, pero recuerdo que en el Malecón hay fiesta y para allá voy. A fundirme con la gente y olvidar que estoy solo.
Y sorpresa: veo una muchacha sola, le digo un piropo, sonríe, me agrada, algo me dice que insista, insisto, me rechaza un poco, no insisto más. Sin embargo, al rato me la vuelvo a encontrar y entablamos conversación. Parece que le caigo bien. Hacemos la cola del refresco, pero ella tenía que irse y la cola se demoraba. Le pedí el teléfono y me da el del trabajo. Trabaja en Radio Habana Cuba en la sala de teletipos y estudia derecho en el curso dirigido.

Es hermosa, parece inteligente, se llama Yilia.

Miércoles, 19 de febrero de 1992


Ayer llamé a Yilia y la invité al cine. Aceptó.

Fuimos al Yara. Vimos la película española “Tacones lejanos”. Al salir del cine, decidimos sentarnos en el Malecón. También caminamos. Conversamos mucho.


Jueves, 20 de febrero de 1992


Salí con Yilia de nuevo. Fuimos a Islamada, una cafetería al aire libre cerca del Malecón. Conversamos. Creo que me estoy enamorando. Le hablé de mis intenciones y no me aceptó, aunque tampoco me rechazó. Acordamos que si algo sucede, que sea espontáneamente. Toda esta conversación ocurrió en el muro del Malecón, frente al mar.

Sábado, 22 de febrero de 1992


Fui a la Feria con Yilia. Fue un día hermoso. Conversamos mucho. Ella me tiene completamente cautivado. Es inteligente, tierna, hermosa, sensible, sencilla, un ser maravilloso.

Martes, 25 de febrero de 1992


Hoy fuimos a La Cocinita a comer hamburguesas. La cola fue larga y agotadora. Llovió. Yo andaba en la bicicleta. Por suerte, cuando salimos ya había escampado. La llevé hasta la parada de 25 y N.

Miércoles, 26 de febrero de 1992


Hoy vuelvo a salir con Yilia, esta vez fuimos a Coppelia. Día lluvioso.

La quiero. Aún no somos novios, pero cada vez me parece más maravillosa. Si no la conquisto me vuelvo loco.


Sabado, 29 de febrero de 1992


Fui a recoger a Yilia. En espera del concierto de Tanya en el Kart Marx, nos llegamos a la cafetería Kasalta y allí hicimos una cola pequeña pero demorada. Mientras esperábamos, conversamos sobre lo nuestro. La presioné. Me contestó que no quería estar conmigo, que era mejor no vernos más porque yo me sentía incómodo a su lado y ella no quería que eso sucediera. Luego fuimos al concierto. Me mantuve en silencio toda la noche.
Al despedirnos, le pregunté: “¿No te llamo más?” “No.”

Al llegar a la casa, intenté dormir pero no pude. Estaba cansado pero la inquietud y la desesperación no me dejaban dormir.

La quiero. Pero no sé conquistarla.

Domingo, 1 de marzo de 1992


Me levanté temprano en la mañana, me monté en la bicicleta y fui en camino de casa de Yilia. No sabía con exactitud donde vivía, pero hallé la casa. Se sorprendió de verme. Estaba en el patio, lavando. Conversamos. Le expliqué que no podía estar tranquilo en la casa y por eso vine a verla. Quería seguir viéndola. Ese rompimiento tan súbito me hacia daño. Necesitaba ir alejándome de ella poco a poco. Aceptó. No sé si esto saldrá bien, este retraso de lo inevitable.

Lunes, 9 de marzo de 1992


Hoy veo a Yilia por la tarde y por última vez. Ya estaba preparado para oír sus palabras. Fue breve. Me explicó que había vuelto con su novio y que por tanto no podía seguir viéndome. Antes de que se fuera, le entregué una caja de tabacos vacía decorada con un dibujo del Pequeño Príncipe. Dentro le puse una carta y una postal. Ambas con palabras muy proféticas. Es el fin de esta historia, que ha sido bella y esperanzadora.

Seguirá por la vida, me recordará o no, y la vida no se detendrá. Nunca se detiene. Por suerte.

8 thoughts on “Yilia

  1. Una bella historia Ernesto, pero no hay final feliz.:( Hay tantas historias? ¿Cuántos de estos casos de éxito … es la vida, y estas cosas son parte de ella.BesosSofia

  2. Yo no se si fue realismo o cine o fantasia, pero me encanto. Vole mucho con la andada en bicicleta y las colas, esas colas en las que perdemos la mitad de la vida y en las que, gracias a la vida, a veces suceden cosas interesantes en ellas.

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