La esperanza


El lento murmuro se despide
con el aroma del café,
¿acaso ya no hay madrugadas fundacionales,
violentos amaneceres, lluvias purgatorias?
Despacio se desliza el adoquín
hacia su azogue insistente.
La luz del vitral sube por las paredes
sucias del palacio.
¿Para qué el sosiego,
para qué el paso silvestre?
No existen manos que aparezcan
en la sombra de los portales.
No nos convidan ya al ceremonioso baile.
Torcidas caen las mariposas
como silenciosas gotas de rocío.

5 thoughts on “La esperanza

  1. el adoquin se desvanece en el horizonte niquelado, y despues de unos cuantos latidos, nace el alba una vez mas virgen, rasguñando las paredes con su luz. Y entonces vuelve aquel aroma de cafe que invita al baile de las mariposas en mi jardin. 😀

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